Es preciso estar muy embotado por la cantidad y el corto plazo
para no advertir que hay libros necesarios de los que sin embargo
sólo se venden 700 u 800 ejemplares. Aunque no son negocio
para nadie, el mundo sería peor sin ellos. Hay editores raros
que, sabedores del daño que la desaparición de estos
libros produciría en el pensamiento universal, corren el
riesgo y el placer de publicarlos. Hay lectores intrépidos que
no dudan en enfrentarse a estos volúmenes en cuyo interior
de nada sirven los recursos estéticos o morales convencionales,
y cuyo contenido propagan luego en cátedras, tertulias, artículos
o reuniones familiares.